Por Mónica María Mesa Escobar – monicamariamesae@gmail.com
Nuestro propósito era claro: conocer acerca del “acueducto Loma El Escobero” y las afectaciones que ha tenido el mismo por causa de las actividades humanas, tanto en la flora y la fauna como en el recurso hídrico, así como del cambio climático.
Cuando llegamos a nuestro destino, el paisaje que nos arropaba y el sonido de las aves nos sorprendieron. El aire fresco se mezclaba con la atmósfera; del cultivo hidropónico apenas asomaban algunas hortalizas. Poco a poco nos adentramos en un espacio rural, un lugar acogedor en medio de la ciudad. En la puerta de su vivienda nos esperaba doña Cristina, quien nos dio la bienvenida.
El acueducto nació en 1988 por medio de la Junta de Acción Comunal
“Con la ley 142 nos separamos de este, en el año 2000 y comenzamos a funcionar totalmente aparte. Actualmente el acueducto surte a toda la Loma El Escobero y hasta la Loma de Las Brujas; nos rodean las quebradas La Chingui, Liscasoles, La Ahuyamera, El Atravesado. Tenemos 320 usuarios y les abastecemos de agua potable. En estos momentos se están atendiendo en el acueducto 320 casas, beneficiando a 1.500 personas”, describe doña María Cristina.
Y continúa: “Para el mantenimiento se tienen tres fontaneros, uno en la noche y dos en el día, los cuales están pendientes de lavar los tanques de los filtros, de poner los químicos y que el cauce de la quebrada “El atravesado” no se tapone”.
El Acueducto también está vigilado por los PIRAGÜEROS, el Programa Integral de Red de Agua. Hay 3.084 personas en 80 municipios, coordinadas por Corantioquia, que velan por el estado de los afluentes. Ellos dedican gran parte de su tiempo a ese objetivo. Según la administradora del acueducto, se usa un pluviómetro para captar el agua que cae. Por la tarde y por la mañana, los fontaneros registran los resultados en un registro. Después se envía a la entidad.
Vienen y hacen en la quebrada una evaluación, miden el caudal de la misma. También verifican la potabilidad del agua. Ellos ven todo eso y toman muestras cada año. Dan una capacitacioncita, vienen tres o cuatro ingenieros y otros que han estudiado el agua, para la captación y calidad”, explica la señora Palacio.
¿Cómo era antes la vereda y cómo la están percibiendo ahora?
“Antes eran fincas de recreo, y cuando salíamos a vacaciones todos los dueños de por acá, que teníamos fincas, montábamos a caballo por la carretera sin ningún problema, porque no había tanto carro. Cuando estábamos niños, aquí se dormía, mejor dicho, con cincuenta mil cobijas encima, calentando la cama con los secadores, era muy frío. En este momento, a veces hace frío y en otras ocasiones está calientico. Pero sí se ha calentado el clima. El cambio climático, sí nos ha alterado”.
Relata también que, con la apertura de la vía El Escobero arriba de Las Palmas, empezó la cosa a ponerse grave, porque ya era mucho automóvil y empezaron a construir. Comenta además: “Con la apertura de la Transversal de la Montaña, la calzada de El Escobero se llenó de vehículos, porque es una vía que lleva a Las Palmas y a toda esa parte del oriente antioqueño. Se ha puesto muy, muy difícil, no hay mucha acera, pero si mucho auto, colegio, construcción”.
¿Qué ha pasado con la fauna y el territorio?
“Se nos ha acabado mucho, aunque todavía tenemos, y en la parte alta, nos da pesar, los carros nos han pisado mucho animalito. Por allá por la curva Barraca, en la finca Flor del Monte, hay mucha urbanización. Y todas esas edificaciones necesitan el agua, tumban hasta el ladito de la quebrada. Entonces, todo eso nos ha afectado bastante. Todavía se ven los pumas, el olinguito, las zarigüeyas, el barranquero, la guacharaca. Por su parte, los loritos y las guacamayas, pasan en ciertas épocas del año”.
“Las fincas antes eran de una familia y fincas grandes, ahora, es una urbanización o muchas casas de todos los hijos, y eso es lo que más nos ha afectado por acá. Tenemos que acostumbrarnos que todos los días hay más gente, más cosas. Arriba, ya están construyendo hasta tres y cuatro pisos, que se suponía que, de la Transversal Intermedia para arriba, no podían hacer edificios solo casas de dos pisos.”
En cuanto a los impactos del recurso hídrico, se observa que la sequía empieza y merma el caudal. Las quebradas, en especial El Atravesado, requieren racionamientos de agua para surtir los tanques y evitar sequía en la quebrada. Como medida, se cierra el acueducto y se establece un horario para surtir los tanques y evitar que la quebrada se seque.
En cuanto a la forma como se le está haciendo frente al cambio climático, afirma: “El Acueducto Loma El Escobero y la Junta de Acción Comunal El Escobero, ha luchado mucho para que no nos hagan demasiadas construcciones y las que se hagan, sea respetando los árboles y el agua, porque aquí tenemos muchos nacimientos en la parte alta de El Escobero. Si nos afectan esos nacimientos, mejor dicho, nos quedamos sin agua en Envigado; eso sería una tarea muy linda del municipio, que se dedicara a organizarlos, a cuidarlos y a no dejarlos destruir”.
Señala que, de presupuesto participativo envían muchos proyectos enfocados a la conservación de este líquido vital, y en el acueducto como organización social, se pasan muchas circulares para que cuiden, no desperdicien, no la malgasten, no lo ensucien ni tiren cosas a la quebrada “El Atravesado”, para que haya un uso adecuado de esta.
Doña María Cristina es consciente de las afectaciones que conllevan las actividades humanas, por eso cree firmemente en la importancia de la reforestación, respetar los retiros de las quebradas, que le dejen unos métricos, y evitar que se vayan los animales porque las nuevas construcciones los va echando.
El mensaje que nos comparte María Cristina
“Nos tenemos que unir todos porque la unión hace la fuerza, cada uno por aparte luchando es muy difícil. Unirnos todos para salvar el mundo; porque es el mundo entero con el agua”.
A la par, nos comparte una frase para recordar:
“Gota a gota, el agua se agota. Tenemos que cuidar los nacimientos de este precioso líquido”.
